Otro me lo hace más barato: ¿bajo mi presupuesto?
2026-10-31
Son las 14:10 y estás en la furgoneta, aparcada delante de un súper. Tienes medio bocadillo en la mano y el motor apagado. Suena el teléfono: es Don Alberto, el del piso de la calle Olmo.
«Mira, te voy a ser sincero. Me han pasado otro presupuesto por casi 400 euros menos. Tú me caes bien, pero... ¿tú qué me dices?»
Te quedas con el bocadillo a medio camino de la boca. Dices «déjame que lo mire y te llamo», que es lo que dice todo el mundo cuando no sabe qué decir.
Cuelgas. El silencio de la furgoneta se hace enorme.
La cabeza empieza a hacer cuentas que no son cuentas
Imaginemos a Marta, electricista, trabajando por su cuenta desde hace cuatro años. Es un personaje inventado, pero seguro que conoces su cabeza, porque quizá sea la tuya.
Primer pensamiento: «Si lo pierdo, esta semana me quedo sin nada».
Segundo: «Igual me pasé. Igual cobro demasiado».
Tercero, el que menos le gusta: «¿Y si bajo 300 y ya está? Mejor poco que nada».
Lo raro es que Marta no sabe si 300 euros menos es un gesto razonable o un agujero. Hizo ese presupuesto hace diez días, una tarde, con la libreta apoyada en la rodilla. Recuerda que sumó el cuadro, los cables, los mecanismos, las horas. No recuerda si metió el desplazamiento. Ni el segundo viaje que siempre hay al almacén. Ni cuánto le costó realmente el material la última vez que compró algo parecido.
Sabe que le salió «un número normal». Pero «normal» no es una cifra con la que puedas negociar con alguien que acaba de colgarte el teléfono.
Lo que cuesta no saber tu propio número
Hay una incomodidad que casi nadie cuenta en voz alta: cuando alguien dice «es caro», tú no discutes con él, discutes contigo. Y como no tienes un papel claro delante, pierdes casi siempre.
Bajas el precio sin saber cuánto bajas. O te pones a la defensiva y sueltas un «pues entonces contrata al otro» que no sientes. O te callas y aceptas, y después pasas la obra entera con un resquemor sordo en el estómago, haciendo bien el trabajo pero con ganas de que acabe.
A lo mejor el otro presupuesto es más barato porque no incluye lo mismo. O porque esa persona tiene otros gastos. O porque se equivocó y lo va a pagar él. No lo sabes. Lo que sí sabes, o deberías poder saber, es qué hay dentro del tuyo.
Marta termina el bocadillo sin sentirle el sabor. Abre la libreta del presupuesto. La letra está apretada y hay una suma tachada. Las horas figuran como «unas 20». El material, como «aprox. 640».
Aprox.
El momento en que se aclara
Esa tarde, en casa, Marta hace algo que no había hecho nunca con un presupuesto ya enviado: lo abre entero, línea por línea, y lo mira como si fuera de otra persona.
Por primera vez ve las partes separadas. Lo que es material, lo que es su tiempo, lo que es lo que se queda después de pagar todo. Y ve que de esos 400 euros, bajar la mitad ya se come casi todo su margen. Y ve que bajarlos todos significa trabajar tres días por el precio de uno de esos fines de semana que no tiene.
No se enfada. Es más raro y más tranquilo: se entiende. Hay un número debajo del número, y es suyo.
Puede que aun así decida hacer un pequeño ajuste. O quitar una partida, proponer otra forma de hacerlo, o dejar ir el trabajo. Todo eso es posible. Lo que cambia es que ahora elige ella. Antes se defendía.
Una llamada distinta
Al día siguiente, a las 10:30, vuelve a llamar a Don Alberto. Está sentada en la furgoneta, con el café en el posavasos y el presupuesto abierto en el ordenador.
—He mirado lo que me comentó. Le explico qué incluye el mío, y si quiere, vemos juntos qué se puede ajustar sin que pierda lo importante.
No suena a súplica ni a pelea. Suena a una profesional que sabe lo que vende.
Don Alberto tarda un segundo en contestar. Quizá se queda, quizá no. Eso ya no es lo que le quita el sueño a Marta. Lo que la deja tranquila es que, pase lo que pase, ese lunes no se lo come la duda.
Un lunes cualquiera, con las cuentas a la vista
Imagina ahora un lunes normal. Cuando un cliente te dice que otro cobra menos, no sientes el vuelco. Abres tu hoja, ves de qué está hecho cada presupuesto, qué parte es material, qué parte es tu tiempo y cuánto te queda realmente. Ves también qué trabajos ya hechos siguen pendientes de cobro.
No hace falta ser gestor ni entender de Hacienda o del SAT para eso. Solo hace falta que lo que tienes en la cabeza esté escrito en un sitio, ordenado, y no flotando como «aprox.».
Entonces tu respuesta sale sola. Sin prisa, sin culpa, con la voz de alguien que sabe de qué habla. Y mientras tanto, el bocadillo sabe a bocadillo.
Si te has reconocido
Si alguna vez te has quedado en una furgoneta, en un coche o en el pasillo de tu casa con la duda de si «bajar o no bajar», quizá te ayude tener un sitio donde ver tu presupuesto con sus partes: materiales, horas, margen real y quién te debe todavía.
Para eso hemos hecho Quote It Right – Job Quote, Materials & Margin Sheet, una hoja de Excel para presupuestar trabajos (está en inglés). Lleva una promesa de devolución de 30 días: si no te ayuda, te devolvemos el dinero sin preguntas.
No sustituye a tu criterio ni a un asesor fiscal: solo te enseña tus propios números para que decidas tú.
Una historia ilustrativa, escrita con ayuda de IA.