Me comparan con un freelance de Fiverr y no sé qué cobrar
2026-10-22
Jueves, 9:12. Estás en la cola de la panadería, la tercera, con el móvil en la mano y el pan todavía sin pedir.
Vibra el teléfono. Es Álvaro, el cliente del rediseño de marca. El mensaje es corto y amable, y por eso duele más:
«Oye, he visto que en Fiverr hay gente que hace un logo y una guía de estilo por 40 €. ¿Tú qué me dices? 🙂»
El emoji sonriente no ayuda. Lees el mensaje una vez. Dos. Delante de ti, una señora pide media barra integral y tú ya estás redactando respuestas en la cabeza, todas malas.
La respuesta que no sale
La primera versión es defensiva: «No es lo mismo, yo te escucho, yo pienso la marca». La segunda es de rendición: «Si quieres, puedo ajustarte el precio». La tercera es un silencio largo que se parece mucho a no contestar.
Lo peor no es el mensaje. Es que, por un segundo, dudas. ¿Y si tiene razón? ¿Y si lo que tú cobras es una fantasía y el mercado dice 40 €?
«Será un croissant y el pan de siempre», dices cuando te toca, casi sin mirar a la dependienta. Pagas con el móvil. Sales a la calle con la bolsa caliente y el estómago cerrado.
Lo que nadie ve de un presupuesto
Cuando llegas a casa dejas el pan en la encimera y te quedas de pie, mirando la pantalla. Y entonces notas lo que llevas tiempo sin querer mirar: tu precio nunca salió de una cuenta. Salió de una sensación.
Hace dos años lo pusiste «porque más o menos cobraba eso en la agencia». Luego lo bajaste un poco para ese cliente. Luego lo subiste un poco, con vergüenza, para otro. Hoy, si alguien te preguntara por qué cobras lo que cobras, la verdad es que dirías: «Pues… porque me parece razonable».
Y una cifra que solo «te parece razonable» es muy difícil de defender frente a una que dice 40 €.
No es que te falte talento. Es que nadie te enseñó a poner en un papel todo lo que hay detrás de una hora tuya: las horas que no se facturan, los meses flojos, la cuota, los impuestos que vendrán, las vacaciones que también existen, el ordenador que algún día morirá. Todo eso está ahí, invisible, y por eso es tan fácil que un número ajeno lo borre de un plumazo.
El momento en que cambia el tono
Esa tarde no contestas a Álvaro. Haces algo distinto: abres una hoja en blanco y, por primera vez, no piensas en lo que él quiere pagar. Piensas en lo que tú necesitas para que este trabajo sea un trabajo y no un favor.
No es complicado, y eso es lo que te sorprende. Es solo ordenado. Cuando las piezas están en un mismo sitio, aparece un número que no depende del humor del día ni de lo que haya cobrado el vecino. Un número tuyo.
Y algo se afloja en el pecho. No porque el número sea más alto o más bajo, sino porque ya sabes de dónde viene. Ya no tienes que adivinar. Y con una cifra que entiendes, la pregunta de Álvaro deja de ser una amenaza y pasa a ser lo que siempre fue: una comparación entre dos cosas que no se parecen tanto.
Un jueves distinto
Imagina ahora otro jueves. Misma panadería, misma cola, mismo mensaje con el emoji sonriente.
Lo lees y respiras. No sientes el vuelco. Puede que incluso pienses: «Es normal que lo pregunte». Y cuando llegas a casa, con el pan todavía caliente, escribes una respuesta tranquila: lo que incluye tu trabajo, lo que no incluye una tarifa de 40 €, y cuánto cuesta lo tuyo. Sin pedir perdón. Sin justificarte tres párrafos.
Quizá Álvaro dice que sí. Quizá dice que se queda con Fiverr, y no pasa nada: hay clientes que buscan lo más barato y clientes que buscan a alguien concreto, y no tienes que convencer a los primeros. Lo importante es que, gane quien gane, tú no sales de esa conversación con la sensación de haberte vendido por debajo de tu propia vida.
Te sientas, desayunas con calma y el día sigue siendo tuyo.
Un primer paso pequeño
Si te has reconocido en la cola de esa panadería, quizá no necesitas un curso ni un discurso de ventas. Quizá solo necesitas ver, una vez, tu número mínimo escrito con claridad.
Para eso hay una hoja de Excel gratuita, Know Your Rate – Free Freelance Rate Calculator + Invoice Template. Está en inglés, pero se usa con números, no con frases. Te ayuda a calcular tu tarifa mínima por hora y por día, y después a enviar una factura limpia, lista para imprimir, con totales automáticos, línea de impuestos y fecha de vencimiento. Es de pago libre: pagas lo que quieras, incluido nada.
👉 Echa un vistazo a la calculadora de tarifa y plantilla de factura
Es una herramienta de organización, no un consejo fiscal ni financiero: las decisiones siguen siendo tuyas, y para lo de Hacienda o el SAT, lo mejor es hablar con tu gestor. Pero saber de dónde sale tu número ya cambia cómo suena tu voz cuando alguien te dice «es que en Fiverr…».
Una historia ilustrativa, escrita con ayuda de IA.