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Presupuesto de una obra y no sé cuánto cobrar: el baño

2026-10-18

Sábado, 10:15 de la mañana. Estás de pie en un baño que huele a humedad vieja, con el metro extendido hasta la ventana y el móvil en la otra mano.

La dueña te mira desde el pasillo. Es amable. Lleva un café en la mano y te dice: «¿Y más o menos cuánto sería? No hace falta que sea exacto».

Sí hace falta. Tú lo sabes. Pero ella espera y el silencio se alarga.

El número que sale de la boca antes que de la cabeza

Imagina a Marcos, un reformista que trabaja solo con un ayudante de vez en cuando. Es un personaje inventado, pero quizá te suene su cara.

Marcos mira las paredes y piensa deprisa. Azulejo, cemento cola, un plato de ducha, un par de días de fontanería, otro de alicatado. Suma de memoria y se oye decir una cifra redonda.

—Unos tres mil quinientos.

La clienta asiente aliviada. Él también, durante unos segundos. Ya hay un número en el aire.

Luego sale a la calle, se sienta en la furgoneta y la duda llega despacio, como el frío por los pies.

¿Había contado la mampara? ¿Y el desescombro? ¿Y el día que se pierde esperando a que llegue el material? ¿Y si la pared de detrás de la ducha está peor de lo que parece?

Lo que nadie te cuenta del «más o menos»

No es solo un problema de cuentas. Es una incomodidad que se queda pegada al día.

Si te quedas corto, lo descubres a mitad de obra, con las manos llenas de polvo. Entonces toca elegir entre tragártelo o pedir más dinero a una persona que ya confió en tu cifra. Ninguna de las dos opciones sienta bien.

Si te pasas por miedo, el presupuesto se enfría. Te dicen «lo pensamos» y no vuelves a saber nada.

Y en medio están los tickets. El de la ferretería, el del almacén, el de la gasolina para ir a por el material. Se amontonan en la guantera, algunos ya medio borrados. Cuando por fin los miras, no sabes bien qué trabajo pagó qué.

Marcos lo sabe. Lo que más le pesa no es perder dinero de vez en cuando. Es la sensación de que no sabe cuánto gana de verdad en cada obra, y de que cobra con la cabeza en lugar de con los datos.

El lunes en que algo se movió

Ese lunes, Marcos tomó café de pie en la cocina, con el cuaderno de la obra del baño abierto sobre la mesa. Hojas con medidas, una lista de materiales a boli y tres cifras tachadas.

No hizo nada espectacular. Solo se hizo una pregunta sencilla: «¿Y si el precio no dependiera de cómo me siento delante del cliente?».

Porque ahí estaba el nudo. Cada presupuesto nacía de la intuición, el cansancio y la prisa del momento. Y la intuición, por buena que sea, no recuerda que el cemento ha subido ni que el sábado pasado perdiste media mañana en un atasco.

Pensó en cómo sería llegar a una casa, medir, apuntar lo que hace falta y tener un sitio donde lo de siempre ya está en su lugar: el material por un lado, tu tiempo por otro, y tu margen, ese que a veces olvidas que también cuenta, a la vista.

No un programa complicado. Algo tan simple que se pueda usar de pie, en un pasillo, sin perder el hilo de la conversación.

Cómo se siente un sábado distinto

Vuelve al mismo baño, o a uno parecido. La clienta pregunta lo mismo: «¿Y más o menos cuánto sería?».

Pero ahora Marcos no tiene prisa por soltar un número. Dice con tranquilidad:

—Déjame apuntarlo bien y esta tarde te mando el presupuesto detallado.

No suena a evasiva. Suena a profesional. Ella asiente, incluso parece más confiada que con la cifra redonda de antes.

En la furgoneta, el móvil ya tiene las medidas y la lista de materiales. Esa noche no hay sobresalto. Mira el precio, ve cuánto es material, cuánto es su trabajo y cuánto le queda, y puede decir «este es mi precio» sin que le tiemble la voz.

Semanas después, cuando la obra termina y la clienta le paga, los tickets no están en la guantera. Están donde tienen que estar. Y Marcos sabe, sin hacer cuentas a escondidas, si el baño le salió bien o no.

El domingo por la tarde ya no es la hora de «a ver si me acuerdo de quién me debe qué». Es solo domingo.

Si te has reconocido en el pasillo del baño

Quizá tú no reformas baños. Quizá instalas, pintas, cuidas jardines o arreglas lo que otros no saben arreglar. El momento es el mismo: alguien espera un precio y tú tienes que ponérselo en voz alta.

Si te suena, hay una hoja de Excel que hicimos pensando en esa situación. Se llama Quote It Right – Job Quote, Materials & Margin Sheet. Sirve para presupuestar trabajos in situ, seguir materiales y tickets, ver el margen real y saber quién todavía te debe. Está en inglés, pero es sencilla de seguir.

Tiene 30 días de garantía: si no te ayuda, te devolvemos el dinero, sin preguntas.

Puedes verla aquí, sin prisa: Quote It Right – Job Quote, Materials & Margin Sheet.

Y si hoy solo querías sentirte menos solo con ese silencio en el pasillo, también está bien. A casi todos nos ha pasado.

Una historia ilustrativa, escrita con ayuda de IA.

¿Te suena? Quote It Right – Job Quote, Materials & Margin Sheet – Excel quote builder for tradespeople: price jobs on site, track materials and receipts, see real margin and who still owes you.

Ver la plantilla (en inglés)