Mi socio y yo contamos distinto el stock: ¿cuánto hay?
2026-10-31
Es martes, las 11:20. Una clienta sostiene en el mostrador un jabón de romero y te pregunta si te queda otro igual para regalar.
Tú dices que creías que sí. Dani, tu socio, dice desde la trastienda: «Seis, hay seis».
Tu cuaderno dice dos.
Sonríes a la clienta con esa sonrisa tranquila de quien no tiene ninguna duda. Por dentro, otra cosa: ¿y si no hay ninguno? ¿Y si Dani cuenta lo del pedido que aún no ha llegado? ¿Y si lo apunté mal yo?
Dos cuentas, una tienda
No es la primera vez. Dani cuenta lo que ve en las cajas de la trastienda. Tú cuentas lo que apuntas en el cuaderno cuando vendes. Y las ventas de la web las mira cada uno a su manera, cuando se acuerda.
Ningún método es malo. Los dos lo hacéis con cariño. Pero cuando se juntan, las cifras no coinciden, y ninguno de los dos puede decir con seguridad cuánto hay de verdad.
Lo peor no es el error en sí. Es lo que viene después. La conversación del jueves que empieza con «yo ya te dije que…». El tono que se pone un poco seco. Esa sensación de que, siendo socios, no habláis del mismo negocio.
Y está lo otro, lo que no se dice en voz alta: que parece que no tenéis una tienda de verdad, sino dos libretas que se parecen.
Seis, dos, ninguno
La clienta espera. Dani sale con una caja en las manos y la abre sobre el mostrador. Hay cuatro jabones de romero.
Ni seis ni dos.
La clienta se lleva uno, muy contenta, sin enterarse de nada. Tú cobras, das el cambio y le deseas buen día. Cuando la puerta se cierra, Dani y tú os miráis.
—Pues eran cuatro —dice él.
—Yo tenía dos —dices tú.
—Yo creí que seis.
Nadie se enfada. Os reís un poco, de esa risa corta que sirve para no decir otra cosa. Pero esa noche, en casa, vuelves a pensar en los jabones de romero. Y en el pedido que hiciste al proveedor «por si acaso» hace tres semanas, sin saber muy bien si hacía falta. Y en el estante de lavanda, que lleva meses lleno y quizá no debería estarlo.
Cuando no sabes cuánto hay, pides de más por miedo o de menos por despiste. En los dos casos pagas algo: dinero parado en una caja, o una clienta que se va con las manos vacías.
La pregunta que cambió la conversación
El sábado, con la tienda tranquila, tomáis un café en la trastienda. Dani dice algo que no esperabas:
—No quiero tener razón. Quiero que sepamos lo mismo.
Esa frase lo cambia todo. Porque lo que os faltaba no era mejor memoria ni más cuidado. Os faltaba un único sitio donde esté la cuenta, el mismo para los dos, y donde nadie tenga que fiarse de lo que recuerda.
Una sola lista. Un número por producto. Y un aviso sencillo que diga «ya va siendo hora de pedir» antes de que el estante quede vacío, en lugar de descubrirlo con la clienta delante.
No necesitáis un sistema enorme. Solo algo claro, que se abra sin manual y se entienda en cinco minutos.
Un martes que se parece a otro, pero distinto
Imagina el mismo mostrador, la misma hora, las 11:20.
Una clienta pregunta por el jabón de romero. Miras una pantalla, una sola, con los números que Dani y tú habéis ido poniendo. Dices: «Sí, quedan cuatro». Y es verdad. Lo sabes. Lo sabe él.
No hay ninguna pausa incómoda. Ninguna mirada hacia la trastienda.
El jueves ya no hay conversación seca. Hay un vistazo rápido, un «esto empieza a bajar, ¿lo pedimos?», y un sí. El proveedor recibe el pedido a tiempo, ni antes ni después. El estante de lavanda deja de ser un misterio: ves cuánto dinero hay ahí quieto y decides con calma qué hacer.
Y algo más pequeño y más grande a la vez: dejas de sentir que la tienda se te escapa entre los dedos. Vuelves a notar que es tuya. Que es de los dos. Que va en serio.
Si te has reconocido en el mostrador
Quizá tu tienda no tenga jabones. Quizá vendas velas, camisetas, café o cuadernos, y quizá tu socio sea tu pareja, tu hermana o tu amiga de siempre. La escena, en el fondo, es la misma: dos formas de contar, ninguna del todo fiable, y la duda de «cuánto hay de verdad» justo cuando alguien espera delante de ti.
Si te suena, hay una plantilla de Excel pensada para eso: Never Sold Out by Surprise – Inventory & Reorder Tracker. Tiene avisos automáticos de reposición, el valor del stock y un panel con lo importante, además de una versión de ejemplo y otra en blanco, y una guía en PDF. Sin suscripción. Viene en inglés, así que conviene saberlo antes de mirarla. Y si no te ayuda, tienes 30 días para pedir que te devuelvan el dinero, sin preguntas.
Puedes echarle un vistazo con calma aquí: Never Sold Out by Surprise – Inventory & Reorder Tracker.
Y si hoy no es el momento, también vale con la frase de Dani: no se trata de tener razón, sino de saber lo mismo.
Una historia ilustrativa, escrita con ayuda de IA.