Blixwerk

Mi tarifa por hora no cubre mis gastos y trabajo de más

2026-10-25

Es sábado por la mañana y estás en la sala de espera de un taller. Huele a café de máquina y a goma de neumático. En la tele, sin sonido, un programa de cocina.

El mecánico asoma la cabeza y dice una cifra. Tú asientes como si fuera lo normal. Por dentro, otra cosa.

Se llama Marta, y es una ilustración, no una persona real. Pero quizá te suene: diseñadora gráfica por cuenta propia, siete años en esto, un portátil en la mochila que siempre va con ella, "por si acaso".

La cifra que no es solo del coche

Mientras espera, Marta abre la calculadora del móvil. No para el coche. Para otra cosa que lleva semanas rondándole.

Escribe lo que cobra por hora. Lo multiplica por las horas que cree que trabaja al mes. Resta la cuota de autónomos. Resta la gestoría. Resta las licencias de los programas, el coworking, el móvil, el seguro, esa suscripción que ya ni usa.

El resultado la mira desde la pantalla. No es una catástrofe. Es peor: es raro. Tendría que ser suficiente y no lo es.

Y entonces entiende por qué los sábados ya no son sábados. Ni algunos domingos. Ni esas tardes de "solo termino esto". Lleva meses compensando con horas lo que la tarifa no le da.

Lo que nadie dice en voz alta

Hay una frase que Marta no ha dicho a nadie: trabajo mucho y aun así no me sobra.

No se la ha dicho a su pareja, porque no quiere preocuparla. Ni a sus clientes, porque suena a queja. Ni a su amiga Elena, que tiene nómina y que, con toda su buena intención, le diría "pues cóbrales más", como si fuera tan fácil.

Porque no lo es. Cuando cobras por hora, cada hora parece pagarse sola. Ves el número y piensas: "está bien". Pero esa hora no es solo tuya. Hay que repartirla entre las horas que no facturas: el presupuesto que no salió, el correo largo, la factura que haces con el ojo medio cerrado, el cliente que tarda tres semanas en contestar.

Y el coste de no mirar eso no aparece en ninguna factura. Aparece en el cansancio. En ese cosquilleo del estómago cuando llega el día de la cuota. En la sensación de que otras personas lo llevan mejor y tú improvisas.

El momento en que algo encaja

El mecánico tarda. Marta, por no seguir mirando la tele, hace algo distinto a lo de siempre. En vez de pensar "tengo que trabajar más", se pregunta algo más pequeño y más amable:

¿Cuánto necesito ganar por hora para que esto funcione sin regalar mis sábados?

No "cuánto cobra la gente". No "cuánto me atrevo a pedir". Cuánto necesita ella, con sus gastos reales y sus horas reales, sin tener que alargar la jornada para llegar.

No tiene la respuesta en ese momento. Pero la pregunta ya cambia algo: deja de ser un problema de carácter ("no valgo", "no sé vender") y pasa a ser un problema de números. Y los números, a diferencia del miedo, se pueden poner sobre la mesa.

Una idea sencilla, casi tonta, le baja los hombros: quizá no se trataba de esforzarse más, sino de haber partido de una cifra que nunca calculó con calma.

Un lunes distinto

Imagínate el lunes siguiente.

Abres el portátil a las nueve, con el café aún caliente. Sabes cuál es tu tarifa mínima por hora y por día, y no la has sacado de la manga ni de lo que cobra otro. La has sacado de tu vida, de tus gastos.

Llega un cliente nuevo y pregunta cuánto cobras. Antes habrías tragado saliva y dicho algo vago. Ahora dices una cifra con voz tranquila, porque sabes de dónde viene. No tienes que justificarla con un discurso. Y si alguien la discute, ya sabes hasta dónde puedes bajar y a partir de dónde estarías pagando por trabajar.

A las seis cierras el portátil. De verdad. El sábado vuelve a ser un día de pan recién comprado y de no mirar el correo. No porque te hayas vuelto rica de golpe, sino porque las cuentas dejaron de depender de tus fines de semana.

Hacienda, el SAT o la gestoría siguen ahí, como fondo, y eso lo decides con quien te asesora. Pero el suelo bajo tus pies ya no tiembla.

Si te has reconocido en el taller

Si has hecho esa misma suma mental en una cola, en una sala de espera o en el sofá, y te ha salido ese resultado raro, no estás haciendo nada mal. Solo te falta una cifra de partida honesta.

Para eso hicimos algo pequeño: Know Your Rate – Free Freelance Rate Calculator + Invoice Template (Excel). Está en inglés, pero es sencillo de usar. Te ayuda a ver tu tarifa mínima por hora y por día, y a mandar después una factura limpia, imprimible, con totales automáticos, línea de impuestos y fecha de vencimiento. Es gratis (tú decides cuánto pagar, si quieres pagar algo), y no sustituye a un profesional fiscal: es una forma de ordenar tus números.

Si te apetece probarlo, lo tienes aquí:

👉 Know Your Rate – Free Freelance Rate Calculator + Invoice Template

Y si hoy solo necesitabas sentir que no eres la única, también vale.

Una historia ilustrativa, escrita con ayuda de IA.

¿Te suena? Know Your Rate – Free Freelance Rate Calculator + Invoice Template (Excel) – Find your minimum hourly and day rate, then send a clean printable invoice. Excel workbook with auto totals, tax line and due date.

Ver la plantilla (en inglés)