Vendo en Etsy y no me queda nada: ¿gano algo?
2026-10-16
Número 47. Tú tienes el 52.
Estás en la oficina de Correos con una caja pequeña bajo el brazo. Dentro van unos pendientes de arcilla, envueltos en papel de seda, con una tarjeta escrita a mano. Es el pedido de una clienta de Hamburgo. Se llama Anke y escribió: «¡Son preciosos!».
En el móvil tienes abierta la pantalla de Etsy. Venta: 24 €. Y debajo, en letra pequeña, un montón de líneas grises: comisión por publicar, comisión por la venta, procesamiento del pago. Todavía falta el envío, que no sabes cuánto será hasta que llegues al mostrador.
La señora de delante suspira. Tú también, aunque sin ruido.
Piensas: ¿Estoy ganando algo con esto?
La pregunta que no se dice en voz alta
Llevas un año y medio vendiendo. Tus pendientes salen bien. Las reseñas son buenas. Hay semanas en las que entran seis pedidos y te sientes casi una empresaria.
Pero a final de mes miras la cuenta y no sabes qué ha pasado con el dinero. Entró, claro. También salió: arcilla, esmaltes, bolsitas, tarjetas, cartón, cinta, el horno que consume luz. Y algún café que te tomaste «de trabajo».
Cuando alguien te pregunta «¿y qué tal el negocio?», contestas «bien, va tirando». Es una respuesta que no dice nada. Lo sabes tú, y lo sabe quien te escucha.
Lo que no cuentas es esto: no sabes si tu producto estrella te deja dinero o te lo quita. Y llevas meses sin atreverte a mirarlo de cerca, por si la respuesta es la que temes.
El mostrador
«¡Cincuenta y dos!»
Dejas la caja sobre la báscula. La funcionaria teclea, la báscula pita y aparece el precio del envío. Es más de lo que esperabas. Pagas con la tarjeta y te sale una sonrisa educada que no sientes.
Fuera hace sol y la calle huele a pan. Te sientas un momento en un banco, con el recibo en la mano.
Haces la cuenta de cabeza, como siempre: 24, menos esto, menos aquello, menos el envío… Se te mezcla todo. ¿Cuenta el tiempo de modelar, de hornear, de pintar, de fotografiar, de empaquetar? ¿Y las horas respondiendo mensajes? Dejas de contar porque la cifra que sale te da un poco de vértigo.
Quizá no pierdes dinero. Quizá sí. El problema no es el número. Es que nunca lo has visto escrito.
Lo que cuesta no saberlo
No saberlo tiene un precio, y no siempre se ve.
Se ve cuando alguien te pide un descuento y dices que sí sin pensar, porque no sabes hasta dónde puedes bajar. Se ve cuando haces pedidos grandes con ilusión y luego te das cuenta de que has trabajado un fin de semana entero por casi nada.
Y se nota en lo pequeño: ese nudo suave en el estómago cuando llega la notificación de una venta. Debería alegrarte, y a veces solo piensas: otro paquete que quizá me cuesta dinero.
Además, está la sensación de no ser «un negocio de verdad». Hacienda, o el SAT, o lo que te toque en tu país, queda como un ruido de fondo. Sabes que algún día tendrás que juntar números, y no tienes ni uno claro.
Un domingo sin prisa
Imagina que, un domingo por la mañana, te sientas con el café y un solo archivo abierto.
No es una hoja de cálculo infinita ni una aplicación que exige tres tutoriales. Es un sitio donde cada producto tiene su fila: lo que cuesta hacerlo, lo que se lleva la plataforma, lo que cuesta enviarlo y lo que te queda de verdad.
Ves los pendientes de arcilla. Al lado, un número. Quizá es mejor de lo que pensabas. Quizá es más pequeño. En cualquier caso, es real, y eso cambia el cuerpo: los hombros bajan un centímetro.
Porque un número que miras de frente asusta mucho menos que uno que evitas.
Y otra cosa pequeña: el cuaderno del mercadillo y los pedidos online dejan de vivir en dos mundos. Todo cabe en el mismo lugar, sin que tengas que reconstruirlo de memoria cada vez.
El lunes siguiente
El lunes por la mañana llega otro pedido. Esta vez, antes de ir a Correos, ya sabes qué parte es tuya.
Te puede salir bien o te puede salir justo. No importa tanto. Lo que importa es que ya no avanzas a ciegas. Si un producto casi no te deja nada, puedes decidir con calma: subir el precio, cambiar el embalaje, dejar de hacerlo o mantenerlo porque te encanta y lo asumes con los ojos abiertos.
La decisión sigue siendo tuya. Solo que ahora la tomas con información, y no con miedo.
En la cola de Correos, con el número 31 esta vez, miras el móvil y ya no sientes ese nudo. Alguien delante suspira. Tú piensas en lo que vas a cocinar al mediodía.
Si te has reconocido en el banco de la calle
Si alguna vez has mirado una venta de Etsy y has pensado «no sé si esto me da algo», quizá te sirva algo así.
En Blixwerk hemos hecho Price Your Handmade Work Right – Cost, Fees & Profit Calculator: un libro de Excel para quienes hacen cosas a mano. Muestra el coste, las comisiones y el beneficio de cada producto, sugiere un precio y reúne las ventas del mercadillo y las online en un solo sitio. (La plantilla está en inglés.) Tiene una garantía de devolución de 30 días: si no te ayuda, te devolvemos el dinero, sin preguntas.
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No reemplaza a un asesor fiscal: sirve para que tú veas tus propios números con claridad.
Una historia ilustrativa, escrita con ayuda de IA.