¿Cuánto stock me queda? Vendo por WhatsApp e Instagram
2026-10-23
Sábado, once y cuarto de la mañana. Estás en la cola de la panadería, con el número 23 en la mano y el móvil en la otra.
Vibra. Es Carmen, una clienta de Instagram: «Hola Marta, ¿te queda la vela de cedro? Quiero dos para un regalo».
Avisa de que lo está mirando, ¿verdad? No. Te quedas ahí, con el pulgar sobre el teclado, y la cabeza empieza a hacer cuentas.
El lunes vendiste una por WhatsApp. El miércoles, otra a una vecina, en mano. El jueves hubo un pedido de tres que anotaste en algún sitio. ¿En la libreta? ¿En las notas del móvil? ¿En el chat contigo misma?
La vela de cedro, ¿quedaban cuatro? ¿Dos? ¿Ninguna?
La respuesta que no quieres dar
Sabes lo que pasa si dices «sí, claro» y luego no es verdad. Ya te ocurrió en septiembre: prometiste un pedido, abriste la caja y faltaba un tarro. Tuviste que escribir ese mensaje que empieza por «lo siento mucho…» y que te dejó un nudo en el estómago el resto del día.
Y sabes lo que pasa si dices «déjame mirarlo y te digo». Que Carmen lee eso como «no tengo ni idea de lo que tengo». Y quizá no lo piensa, pero tú sí lo piensas por ella.
Así que escribes: «¡Hola Carmen! Ahora mismo estoy fuera, en un rato te confirmo 😊».
El emoji sonríe más que tú.
Lo que cuesta no saberlo
Nadie te lo dice, pero vender por WhatsApp e Instagram tiene una parte invisible. Los pedidos llegan por tres sitios: mensajes directos, el chat de siempre, algún comentario bajo una foto. Cada uno vive en un lugar distinto. Y el stock vive en tu memoria, que a las once de la mañana de un sábado ya va justa.
No es solo un problema de organización. Es esa sensación de no ser «un negocio de verdad». De estar improvisando con algo que, por dentro, empieza a ser serio. Hay gente que te escribe porque confía en ti, y tú contestas con la cabeza medio en otro sitio.
También cuesta dinero, aunque no lo veas. Los materiales que compras tarde y con prisa. Los tarros que se quedan parados en una caja porque pediste de más. Los pedidos que no llegan a hacerse porque contestaste tarde, y Carmen ya estaba mirando en otra tienda.
Todo eso pasa sin ruido. Solo queda un cansancio raro al final de la semana.
La caja del trastero
Esa tarde, en casa, haces lo de siempre: abres la caja de las velas y las cuentas una a una. Son seis de cedro. No cuatro, ni dos. Seis.
Te sientas en el suelo y te ríes un poco, aunque no tiene tanta gracia. Pudiste haber contestado a Carmen en veinte segundos desde la cola. En lugar de eso, perdiste una mañana entera con la pregunta dándote vueltas.
Y te das cuenta de algo sencillo: el problema no es que vendas poco, ni que seas desordenada. Es que el stock no tiene un sitio donde vivir. Está repartido entre libretas, chats y recuerdos, y tú haces de pegamento.
No tiene por qué ser así.
Un lunes distinto
Imagina otro lunes. Café, ordenador abierto, el móvil boca abajo un rato.
Hay una hoja, una sola, donde cada producto tiene su número. No tienes que adivinarlo ni reconstruirlo. Lo que vendiste el fin de semana ya está restado. Y hay una línea que se pinta de otro color cuando algo está a punto de acabarse, antes de que tú lo notes en mitad de una conversación.
De pronto llega un mensaje: «¿Te queda la vela de cedro?». Miras la hoja, lo comprobas en cinco segundos y respondes: «Sí, te las aparto, ¿pasas el sábado?».
Nada más. Sin emoji de relleno, sin «en un rato te confirmo».
El resto de la mañana es tuyo: preparar pedidos, hacer fotos, pedir cera antes de que se acabe, no a las prisas. Cuando miras el reloj son las seis, y la cabeza está tranquila.
No es magia. Es tener los números en un solo sitio, para dejar de cargar con ellos.
Lo que hiciste con Carmen
Aquel sábado, a las cinco, le escribes: «¡Carmen! Perdona la espera. Tengo seis de cedro, te aparto dos. Y la próxima vez te contesto al momento, te lo prometo».
Ella responde con un corazón y un «¡qué maja!». No se enfadó. Probablemente ni se acordaba de la hora a la que preguntó.
Pero tú sí te acuerdas, y decides que no vuelve a pasar. Empiezas a buscar una forma sencilla de saber, en cualquier momento, qué tienes y cuándo toca reponer.
Si te has reconocido
Si alguna vez has contestado «ahora te digo» solo porque no sabías cuántas unidades te quedaban, esta historia es para ti.
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Never Sold Out by Surprise – Inventory & Reorder Tracker (Excel)
No hace falta que tengas una tienda grande. Basta con que quieras responder a un mensaje sabiendo lo que dices.
Una historia ilustrativa, escrita con ayuda de IA.