Vendo ropa online con tallas y colores y no sé mi stock
2026-11-02
Son las 8:14 y vas en el metro, de pie, agarrada a la barra con una mano. Con la otra sujetas el móvil. Todavía no has llegado a tu trabajo de verdad, ese que paga el alquiler. Pero la tienda ya te está esperando.
Un mensaje en Instagram: «Hola, ¿te queda la camisa de lino en verde salvia, talla M?».
Te quedas mirando la pantalla. Crees que sí. Hace dos semanas había una. O dos. Quizá la vendiste el sábado. Quizá la que queda es la L, que se parece mucho en la caja.
Contestas «Déjame mirarlo y te digo» y sientes ese pequeño nudo. No es un drama. Es el nudo de quien vende ropa online y ya no sabe cuánto tiene de cada cosa.
La caja de cartón del armario
Imaginemos a Marta. Es un personaje inventado, pero quizá la conozcas. Vive en un piso de Valencia, tiene su empleo de media jornada y una tienda online de ropa de lino que empezó como un capricho y ahora le llena los fines de semana.
Su stock vive en tres sitios. Hay una caja en el armario del pasillo, una balda en el cuarto de la plancha y una bolsa grande detrás de la puerta, con lo que llegó el último martes y aún no ha colocado.
Tiene también una libreta con rayas. Y una hoja de cálculo que empezó muy bien, con una fila por prenda, y que en algún momento dejó de seguir el ritmo. Ahora cada prenda tiene cuatro tallas y tres colores. Eso son doce combinaciones por modelo, y ella lleva ocho modelos.
Nadie le explicó que vender ropa es, en el fondo, vender muchas cosas pequeñas que parecen una sola.
Lo que cuesta no saberlo
El problema no es tener poco o mucho. Es no saberlo.
A veces Marta vende una talla que ya no tenía y tiene que escribir ese correo que nadie quiere escribir: «Lo siento, ha habido un error con el stock». Se le encoge el estómago cada vez, porque a ella le gustaría parecer una tienda de verdad y no alguien que improvisa.
Otras veces pasa lo contrario. Hace un pedido al taller pensando que se acaba el verde salvia, y resulta que tenía seis en la bolsa de detrás de la puerta. Ese dinero se queda parado en cajas, mientras la talla S, que sí vuela, se agota en dos días.
Y hay un coste que no sale en ninguna cuenta. Es la mente ocupada. Marta está en una reunión y piensa en las camisas. Está en la cola del súper y piensa en las camisas. Los domingos por la tarde se pone a contar prendas en el suelo del pasillo y cada vez le da un número distinto.
No es un desastre. Pero es un ruido de fondo que no se apaga.
El día que dejó de contar de memoria
Un sábado cualquiera, doblando una pila de pantalones, Marta se dio cuenta de algo muy sencillo. Había pasado media hora buscando una prenda que, sobre el papel, existía. Y pensó: «Esto no es un problema de orden. Es un problema de que la información no está en un solo sitio».
No necesitaba una tienda más grande ni un programa complicado. Tampoco más memoria, que ya iba justa. Necesitaba un lugar donde cada prenda, con su talla y su color, tuviera una cifra clara. Y que algo le avisara cuando una de esas cifras se acercara a la hora de reponer, antes de que fuera tarde.
Solo eso. Que el sistema recordara por ella.
Un lunes distinto
Ahora imagina el mismo metro, a las 8:14.
Te llega el mismo mensaje: «¿Te queda la camisa en verde salvia, talla M?».
Abres una sola hoja. Ves la fila, ves el número. Quedan tres. Respondes en diez segundos: «¡Sí! Te la reservo». Guardas el móvil y miras por la ventanilla, sin nudo.
El jueves, cuando haces tu pedido al taller, ya no lo haces a ojo. Sabes qué tallas se mueven, cuáles duermen en la bolsa y cuánto dinero tienes parado en prendas que todavía no han salido a la calle. Pides lo justo. Quizá incluso te sobra un rato para escribir esa publicación que llevas semanas posponiendo.
Los domingos por la tarde el pasillo vuelve a ser un pasillo.
No es magia, y tampoco hace que vendas más de un día para otro. Es algo más discreto y más valioso: dejas de sorprenderte con tu propio negocio. Cuando alguien te pregunta, lo sabes. Eso se parece mucho a sentirte profesional.
Si te has reconocido en Marta
Si alguna vez has contestado «déjame mirarlo» con el estómago encogido, quizá te sirva algo así.
Hemos hecho una plantilla de Excel pensada para esto: un control de inventario con avisos automáticos de reposición, el valor de tu stock y un panel para verlo todo de un vistazo. Incluye un ejemplo con datos de muestra y una versión en blanco para empezar con lo tuyo, además de una guía en PDF. Sin suscripción. Y si no te ayuda, tienes 30 días para pedir el reembolso, sin preguntas. Una aclaración: la plantilla está en inglés.
Puedes verla aquí: Never Sold Out by Surprise – Inventory & Reorder Tracker (Excel).
Y si hoy solo querías sentirte menos sola con las camisas del armario, también está bien. Les pasa a muchas.
Una historia ilustrativa, escrita con ayuda de IA.